“Buscan la democracia y creo que la mayoría de la gente quiere la democracia. Desafortunadamente, algunos gobiernos no quieren la democracia”, dijo el lunes el presidente Trump, a periodistas en la Casa Blanca.
Su apreciación se produjo después de que activistas hongkoneses irrumpieran horas antes en el Parlamento, ocupando el recinto, para expresar su repudio a los actos conmemorativos por el vigésimo segundo aniversario del traspaso a China de la soberanía sobre Hong Kong por parte del Reino Unido.
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Hong Kong se ha visto sacudida desde hace tres semanas por enormes manifestaciones provocadas por un proyecto de ley que permitiría la extradición de ciudadanos al continente chino.
Buscan la democracia y creo que la mayoría de la gente quiere la democracia. Desafortunadamente, algunos gobiernos no quieren la democracia”, apunta el presidente de EE.UU., Donald Trump, en relación a las protestas que van sucediendo en Hong Kong.
Ante tal escenario, Trump apuntó, asimismo, que estos actos de protesta son una representación clara de que los hongkoneses apuestan a vivir en una “democracia”.
Por otro lado, y mientras los habitantes del enclave chino protagonizan multitudinarias marchas antigubernamentales, se ha conocido hoy martes que el gigante asiático ha estado realizando una serie de pruebas de misiles balísticos anti-buques contra embarcaciones en las aguas disputadas del mar de China Meridional, según informa la cadena estadounidense NBC, citando a dos funcionarios norteamericanos que hablaron bajo condición de anonimato.
Los chinos realizaron la primera prueba el fin de semana, disparando al menos un misil contra un buque en alta mar, señaló una de las fuentes al medio y, al mismo tiempo, detalló que dichas maniobras navales están en marcha hasta el 3 de julio.
“Si bien, el Ejército estadounidense tiene desplegados navíos en el mar de China Meridional, estos no estuvieron cerca de la prueba del fin de semana y tampoco están en peligro”, destacó el otro funcionario.
En cuanto a la veracidad de estos ensayos militares, el Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono) ha declinado hablar y responder a NBC.
El supuesto desarrollo de las pruebas militares chinas se produce cuando Estados Unidos y China han rebajado las tensiones en su batalla comercial en curso, iniciada por el inquilino de la Casa Blanca.
El mandatario estadounidense y su par chino, Xi Jinping, acordaron durante el fin de semana en la cumbre del G20 en Japón no imponer nuevas tarifas arancelarias a los bienes exportados e importados entre ambas naciones.
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Las tensiones entre Pekín y Washington se han ido agravando a medida que el Pentágono ha estado desplegando sus buques de la Marina cerca del archipiélago de las islas Spratley, cuyas aguas forman parte de las disputas marítimas y territoriales de China con Vietnam, Taiwán, Filipinas, Malasia y Brunéi.
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El mar de China Meridional, también conocido como mar del Sur de China, es una extensión muy disputada del océano Pacífico, de la cual el gigante asiático reclama casi un 90 % y critica la militarización de esas aguas por Estados Unidos.
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En este debate territorial solían estar presentes los países antes mencionados junto a EE.UU. pero ahora resulta que otra voz discrepante salió, es decir: Australia para ratificar las supuestas preocupaciones de los estadounidenses en cuanto a las pretensiones jurisdiccionales soberanistas chinas sobre las referidas islas.
“Australia debería considerar en adquirir armas nucleares para contrarrestar el ascenso del dominio de China en la región”, sugirió el exfuncionario del Departamento de Defensa de Australia Hugh White en una entrevista realizada ayer lunes con la cadena local ABC.
Argumentando sus palabras, White reconoció que, por primera vez, desde que los primeros europeos se asentaran en Australia —hace más de 250 años— Canberra ya no puede asumir que tiene a sus grandes valedores y aliados: el Reino Unido y EE.UU. como las potencias dominantes en Asia, pues, destacó que se está erigiendo una nueva potencia llamada China.
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La sugerencia de que Australia podría adquirir su propio elemento de disuasión nuclear para hacer un uso hipotético de ella contra el auge de la influencia china en la zona ha sido rechazada inmediatamente por el Gobierno del primer ministro, Scott Morrison.
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