El 2015 comenzaba en Nueva York, Estados Unidos, con la resaca de enormes protestas en contra de los abusos policiales, que siguen causando cada año decenas de muertes de ciudadanos afroamericanos.
Se trata de casos muy parecidos que se repiten una y otra vez por toda la geografía estadounidense; un hombre negro desarmado muere tiroteado por un policía blanco que, en la mayoría de los casos, nunca es juzgado por ningún delito o abuso.
Las protestas han sido numerosas y multitudinarias, pero las esperadas reformas en los cuerpos policiales nunca llegan.
Otro de los grandes temas ocurridos en Nueva York en este 2015 fueron las conversaciones en torno al programa nuclear civil de la República Islámica de Irán.
La recta final de las reuniones y la firma del documento conjunto entre el Grupo 5+1 (EE.UU., Rusia, China, el Reino Unido y Francia, más Alemania) y la nación persa se produjeron en Viena, capital austriaca, en julio de 2015, pero en Nueva York hubo reuniones cruciales entre los principales actores. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) dio su apoyo total al final de estas conversaciones.
La Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), que se celebra cada año a finales del mes de septiembre, sirvió para consolidar a Irán en la escena internacional como un socio necesario e imprescindible para la lucha contra el terrorismo y especialmente para la búsqueda de la paz en Siria.
Precisamente, en diciembre de 2015 pudimos ver a un Consejo de Seguridad que siempre ha estado dividido sobre la cuestión siria, votando, de manera unánime, por una solución a una guerra que dura ya casi cinco años.
Primero acordó cortar las vías de financiación del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) y después votó a favor de una hoja de ruta para una paz en Siria que debe surgir de los propios sirios y sin condiciones previas.
José Manuel Rodríguez, Nueva York.
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