Gases tóxicos y más de una docena de víctimas, algunas de ellas, hospitalizadas. Tal es el saldo de las medidas que toma la embajada sionista en contra de las protestas pacíficas en solidaridad con Palestina. El pasado viernes, mientras se realizaba el acto, algunos asistentes reportaban irritación en los ojos y la piel, así como mareos y dificultad para respirar. A medida que pasan los días, los testimonios salen a la luz.
Fósforo blanco, armas bacteriológicas y químicas, elementos radioactivos en las municiones. No es casualidad que todo esto forma parte del “arsenal” del ente terrorista israelí para realizar sus crímenes de lesa humanidad, pero también para silenciar a todo aquel que osa denunciar el genocidio del pueblo palestino.
Me encuentro una vez más ante las puertas de la legación sionista en Washington DC. A diferencia de otras ocasiones, durante esta jornada no se registran ataques químicos en contra de periodistas, activistas y otros congregados en los predios. Esto se debe -en parte- a que durante esta jornada acuden diversas personas para la realización de trámites, visados y otros documentos afines.
Y aunque las autoridades dicen supuestamente que se encuentran investigando este ataque de un ente foráneo en suelo estadounidense, lo cierto es que las víctimas de los gases tóxicos diseminados por el ente sionista aún se encuentran enfrentando secuelas, pero no han recibido respuesta alguna.
Marcelo Sánchez, Washington
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