“Bien podría ser que el príncipe heredero tuviese conocimiento de este trágico evento, quizás lo tenía y quizás no lo tenía (…) Puede que nunca sepamos todos los hechos que rodearon el asesinato del señor Khashoggi”, ha dicho este martes el presidente Trump a través de un comunicado titulado “junto a Arabia Saudí”.
El mandatario norteamericano, sin embargo, insiste en que el papel que supuestamente desempeñó Bin Salman en el asesinato del periodista crítico con la monarquía de los Al Saud no afectará “en ningún caso” a las relaciones entre la Casa Blanca y el régimen de Riad.
“En todo caso, nuestra relación es con el reino de Arabia Saudí. (...) EE.UU. pretende seguir siendo un férreo aliado de Arabia Saudí para asegurar los intereses de nuestro país, de Israel y de todos los otros aliados en la región”, agrega.
Pese a que incluso la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su acrónimo del inglés) estadounidense ha llegado a la conclusión de que la orden del horrendo descuartizamiento provino del príncipe heredero saudí, el mandatario se obstina en dejarlo impune del crimen cometido el pasado 2 de octubre en el consulado saudí en la ciudad turca de Estambul contra alguien que, de hecho, residía en su territorio y colaboraba habitualmente en uno de los medios de prensa más prestigiosos de EE.UU.
Bien podría ser que el príncipe heredero (saudí, Muhamad bin Salman) tuviese conocimiento de este trágico evento, quizás lo tenía y quizás no lo tenía (…) Puede que nunca sepamos todos los hechos que rodearon el asesinato del señor Khashoggi”, ha afirmado el presidente de EE.UU., Donald Trump.
En otra parte de su larga nota oficial, Trump trata de desviar la atención mundial del príncipe saudí a “Irán” y los motivos políticos de la hostilidad estadounidense hacia Teherán, pese a que no aporta ningún dato que pueda vincular a la República Islámica con el crimen cometido en el consulado saudí de Estambul.
En este sentido, el mandatario estadounidense, pese a lo inopinado, culpa a Irán de la campaña de bombardeos contra el pueblo yemení perpetrada por Arabia Saudí con el apoyo logístico de Washington desde marzo de 2015, y critica el apoyo de Teherán a las corrientes populares que resisten ante la penetración imperialista en el oeste de Asia, como, por ejemplo, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá).
Recuerda por último que Arabia Saudí es “el segundo mayor productor de petróleo del mundo” y que el país acata “muy bien” sus órdenes “de mantener los precios del crudo”, posiblemente para limitar más las exportaciones petroleras iraníes.
Considera, asimismo, que es “ingenuo” cancelar los multimillonarios acuerdos de venta de armas al régimen saudí suscritos por Washington, y justifica su postura aduciendo que “Rusia y China se beneficiarían y estarían encantados de adquirir todo eso”.
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