Los talibanes siguen manteniendo el control de una buena parte del país, y los esfuerzos del gobierno central para vencerlos junto con los atentados incesantes de los insurgentes, fueron los principales motivos de las bajas civiles.
Más de 5200 afganos, también, resultaron heridos, y de esta cifra, más de 2100 fueron niños.
Los bombardeos de las fuerzas afganas y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fueron mortales para los civiles. Más de 300 afganos perdieron la vida en tales ataques aéreos.
El informe de la ONU precisa que los choques armados entre las fuerzas afganas y los grupos armados, junto con ataques suicidas, fueron los principales motivos de las muertes de civiles.
No todos los atentados y la violencia son perpetradas por los talibanes. El grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe), que está activo en Afganistán desde 2015, ha llevado a cabo varios atentados tanto contra civiles como contra las fuerzas gubernamentales.
En octubre, el Gobierno de Afganistán, por fin, logró celebrar las primeras elecciones parlamentarias desde 2010. Anteriormente, en el 2016, los comicios se habían aplazado por falta de seguridad.
Pese a las amenazas de los Talibanes y en medio de atentados, más de 4 millones de afganos participaron en las elecciones para elegir a sus representantes en la Cámara Baja del Parlamento.
Justo 2 días antes de las elecciones, los talibanes asesinaron al jefe de policía de Kandahar.
La violencia electoral en Afganistán cobró la vida de 52 civiles e hirió a más de 300 de ellos.
El atentado más sangriento ocurrió en la capital Kabul donde 13 murieron y 40 resultaron heridos.
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