El horror, un elemento de la vida cotidiana en Yemen, donde las bombas lanzadas por la coalición dirigida por Arabia Saudí no dejan más que muerte y destrucción. El príncipe heredero saudí, Muhamed bin Salman, es quien tiene las manos manchadas de sangre yemení.
La ONG Human Rights Watch ha solicitado a la fiscalía argentina que aproveche la cumbre del G20, que se celebrará a partir del viernes 30 en Buenos Aires (capital argentina), para investigar y detenerlo por crímenes de lesa humanidad en Yemen, así como por la tortura de civiles, incluido el asesinato del periodista Jamal Khashoggi.
Y es que las bombas saudíes han generado la mayor crisis humanitaria del mundo en el país más pobre del mundo árabe. El hambre y las enfermedades se cobran miles de vidas. Los más de tres años de campaña bélica han dejado al país al borde de una de las hambrunas más terribles de la era moderna.
Y las cosas podrían empeorar, según alerta el Programa Mundial de Alimentos (PMA), un organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En la ciudad portuaria de Al-Hudayda, ciudad situada en el oeste de Yemen, principal punto de entrada de suministros básicos a Yemen, los combates se recrudecen cada vez más, lo que ha llevado a muchas empresas a evitar dejar su mercancía en este estratégico puerto.
El puerto de Al-Hudayda es un reflejo de la complejidad de la guerra que ha dejado más de 15 mil muertos. La ONU ha advertido que la destrucción de esta ciudad portuaria podría desencadenar una situación catastrófica.
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