“No vamos a cambiar la estrategia, pero sí vamos a hacer grandes modificaciones”, confió ayer jueves un alto responsable estadounidense de Defensa a The Wall Street Journal, bajo condición de anonimato.
No vamos a cambiar la estrategia, pero sí vamos a hacer grandes modificaciones, ha confiado a The Wall Street Journal un alto responsable estadounidense de Defensa.
Según el diario neoyorquino, el Pentágono ha presentado ya un plan que podría reemplazar al programa de “entrenar y equipar” a los llamados “rebeldes moderados”, con su presupuesto de 500 millones de dólares, cuyo fracaso total reconoció Washington el miércoles.
La nueva propuesta se basa en dar un entrenamiento especializado a los milicianos del Pentágono para que señalen objetivos militares a la aviación estadounidense, según declaraciones anónimas de responsables recogidas por la publicación, que ya informó de esta posibilidad en febrero.
Esta reorientación sería uno de varios cambios de calado en la estrategia para Siria que discute en la actualidad la Administración del presidente estadounidense, Barack Obama.
La Casa Blanca debate también si aceptar una propuesta rusa de “diálogo militar”, algo que reconoció el miércoles el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y confirmó ayer jueves el portavoz del Ejecutivo, Joshua Earnest.

En semanas recientes, fuentes occidentales han difundido, con muestras evidentes de preocupación, repetidos informes sobre una supuesta presencia de tropas rusas de combate en territorio sirio que se estarían enfrentando ya a la banda terrorista EIIL (Daesh, en árabe).
Washington ha llegado a ejercer presiones sobre varios Gobiernos —al menos sobre Bulgaria, Grecia e Irak— para que no permitan el paso por su espacio aéreo hacia Siria de la aviación rusa. En el caso de Bulgaria, con éxito, de modo similar a Ucrania.
Los estadounidenses, incluso, han amenazado a Rusia con imponerle medidas de aislamiento, si Moscú no pone fin a su asistencia militar a Damasco.
Hoy viernes, Obama tenía prevista una reunión con altos responsables de su Gabinete para discutir sobre la nueva estrategia a seguir ante Daesh en Siria e Irak, entre fuertes presiones políticas por parte de la mayoría republicana del Senado.
Al fracaso del programa de formación de milicianos, se suma la inefectividad de los bombardeos en territorio iraquí de una coalición formada por Washington, supuestamente para atacar a los terroristas takfiríes, que ha denunciado Bagdad en numerosas ocasiones.
La aparente impotencia de EE.UU., y en particular las denuncias de su pasividad cómplice ante la venta por Daesh de petróleo robado en Siria e Irak, refuerza las tesis de quienes señalan la responsabilidad de Washington en la creación de la banda terrorista.
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