Durante su comparecencia, el miércoles, ante el juez de la Operación Lava Jato, Sérgio Moro, Da Silva rechazó las acusaciones de corrupción y sobornos e insistió en que es víctima de una persecución judicial injustificada.
“A pesar de entender que el proceso es ilegítimo e injusto pretendo hablar (…) Estoy orgulloso porque después de dos años en los que investigaron mi vida, grabaron mis conversaciones con Dilma (Rousseff), con mi esposa, invadieron mi casa, no encontraron nada para apoyar las acusaciones que me hacen”, declaró el exmandatario en un juicio abierto en la sede de la Justicia Federal de Curitiba (sur del país).
Da Silva, que respondió durante dos horas a las preguntas de Moro, rebatió los argumentos de su exministro Antonio Palocci (condenado por corrupción en el caso Petrobras), quien recientemente lo acusó de aceptar sobornos de la constructora Odebrecht por un monto de 100 millones de dólares para el Partido de los Trabajadores (PT).
“Vi a Palocci mentir aquí”, dijo Lula para después resaltar que las declaraciones del exministro no tiene credibilidad, argumentando que ha caído en contradicciones y que su intención es lograr un acuerdo para rebajar su condena.
Estoy orgulloso porque después de dos años en los que investigaron mi vida, grabaron mis conversaciones con Dilma (Rousseff), con mi esposa, invadieron mi casa, no encontraron nada para apoyar las acusaciones que me hacen”, expresó el expresidente brasileño Lula da Silva.
El exjefe del Estado está procesado en cinco causas. El pasado julio fue condenado por el juez Moro a 9 años y medio de prisión por corrupción pasiva al haber recibido de forma clandestina un departamento a cambio de favorecer a la empresa constructora OAS en contratos con la petrolera estatal Petrobras.
Lula da Silva ha afirmado en reiteradas ocasiones ser víctima de una “persecución judicial” que busca acabar con su vida política e impedir que vuelva a postularse para la Presidencia de Brasil en las elecciones previstas para octubre de 2018.
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