La denominada EGSY8p7 ha sido descubierta gracias al espectrógrafo infrarrojo del observatorio Keck llamado MOSFIRE que utiliza un sistema de detección de la línea de emisiones de Lyman-alfa, una particular y antigua firma de gas hidrógeno caliente.
A medida que penetramos más profundamente en el Universo, y por lo tanto de nuevo a épocas anteriores, el espacio entre las galaxias contiene un número creciente de oscuras nubes de hidrógeno que absorben esta señal”, afirma Adi Zitrinm, líder del estudio.
Estas raras, enormes y resplandeciente nubes de gas del Universo primitivo, contienen hidrógeno y su diámetro puede alcanzar unos 300.000 años luz.
“Con frecuencia vemos la línea de emisión Lyman-alfa de hidrógeno en los objetos cercanos, ya que es uno de los marcadores fiables de formación estelar. Sin embargo, a medida que penetramos más profundamente en el Universo, y por lo tanto de nuevo a épocas anteriores, el espacio entre las galaxias contiene un número creciente de oscuras nubes de hidrógeno que absorben esta señal”, afirma Adi Zitrinm, líder del estudio realizado por el equipo del Observatorio W.M. Keck en Hawái, Estados Unidos.

Lo sorprendente de este descubrimiento es que han conseguido detectar esta línea Lyman-alfa en una galaxia aparentemente débil en un momento en el que el universo tenía menos de 600 millones de años y en el que la radiación Lyman-alfa era libre de viajar por el espacio sin obstáculos, lo que de nuevo nos aporta pistas sobre cómo evolucionó el universo en sus primeros cientos de millones de años.
Según los autores, “puede ser que la galaxia que hemos observado, EGSY8p7, que es inusualmente luminosa, tenga propiedades especiales que le permitieron crear una gran burbuja de hidrógeno ionizado mucho antes de lo que era posible en las galaxias más típicas de estos momentos del cosmos”.
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